Y la verdad se acerca a sus ojos
cuando en ellos, lujuria en medio
de un sofá postrado entre cerca
de una pared, mira a sus súbditos
adorándole.
Sus dedos canalizan el camino de
un cuerpo liso y caucásico, que
no puede ver y solo siente
tejidos palpitantes introduciéndole
en otro ser sin igual.
Bebe el vino sagrado de la copa Majestuosa
con orillas de clemencia, y siente un vació
aun que el poder feroz lo llena.
Baila en la oscuridad con siete espectros,
difrazados de un mantel de tinte rojo y
acolchado sobre el color, ve la danza de
aquí a allá con aplausos e risas van y su
rezo domesticado, cautivando por ser
libre de dos manos de frialdad.
El cielo se abre, se expande y ilumina un
templo hermoso, con flores vivas y otras
marchitas están.
Por que dichoso baila su ser entre columnas
y ventanas donde se enfría la pureza y cien
caras con negros lentes caminan hacia su
centro de voz timbal.